Al volante

Probamos el Renault Mégane Sport Tourer 2017: Grande, bonito y muy funcional

Renault amplía la gama Mégane con el nuevo Sport Tourer, la variante familiar del compacto galo, que con un maletero de 521 litros de capacidad ampliable hasta 1.504 ofrece una superficie lisa de carga de 2,7 metros. A la gama habitual, añade las espectaculares variantes GT con motor Diesel de 165 caballos o gasolina de 205.
Por Iván Mingo / Álvaro Ruiz
Renault Mégane Sport Tourer

Renault Mégane Sport Tourer
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  • Renault Mégane Sport Tourer 2017
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Pese a que la fiebre SUV ha crecido a costa de restar compradores al resto de segmentos del mercado, los familiares han sido los únicos que han resistido su envite, gracias a una clientela fija enamorada de este tipo de carrocerías. Heredero de los Mégane familiares que vieron la luz en 2009, 2012 y 2014, esta nuevo station wagon cuenta a su favor con una carrocería extremadamente cuidada y un nivel de equipamiento alto y muy equilibrado, que incluye la posibilidad de optar por el acabado estético GT Line en todas las versiones de motor.

Presume de una buena capacidad de carga, una amplia oferta mecánica y el abanico de equipamiento y tecnología que estrenó la cuarta generación del Mégane.

La carrocería alargada y el amplio portón trasero permiten cargar cualquier objeto en el nuevo Sport Tourer. Las dimensiones han aumentado respecto a la generación anterior, tanto por dentro como por fuera. El maletero eleva su volumen de carga hasta los 521 litros, mientras que si plegamos los asientos nos queda un espacio útil de 2,7 metros y 1.504 litros. Pero es que además las posibles configuraciones del maletero incrementan mucho la funcionalidad, pudiendo incluso optar por dividirlo en dos 'pisos' para separar la carga. Por lo demás, nos encontramos con el mismo interior propuesto por el Mégane de cinco puertas, con una enorme pantalla central en el salpicadero y materiales de gran calidad, muy superiores a los de su predecesor.

Pese a no ser líder de su segmento en capacidad, el maletero ofrece múltiples configuraciones para llevar la carga. Muy funcional, sin duda.

En carretera nos han convencido mucho las motorizaciones intermedias, tanto en gasolina como en Diesel, en concreto las variantes de 130 caballos, pues gracias a la sobrealimentación por turbo se muestran muy elásticas y funcionales en cualquier circunstancias, incluso cargados o tirando de un remolque.

Al volante se siente como un automóvil muy riguroso en su comportamiento, siempre noble y estable. Notamos una suspensión ligeramente más firme que en la variante cinco puertas, lógico al estar pensado para que su maletero vaya cargado, pero sin penalizar por ello nunca la comodidad de los ocupantes.

Capítulo aparte merecen las versiones GT, desarrolladas a partir de los motores Diesel de 165 caballos y gasolina de 205. En ésta la rigidez de la suspensión se lleva al extremo y no precisamente para ir cargados, sino como una necesidad para digerir la potencia del motor. En este caso merece la pena destacar la presencia del sistema 4Control de cuatro ruedas direccionales, que hace al Mégane extremadamente agil de dirección, lo que nos obliga a un proceso de adaptación para no tener que hacer correciones constantes en pleno giro.

En el plano mecánico hablamos de la misma oferta que en el resto de la gama, compuesta los bloques dCi de 90, 110, 130 y 165 caballos de potencia, y los gasolina TCe de 100 y 130 caballos de potencia. El tope de gama vendrá dado por la versión GT gasolina de 205 caballos de potencia, ligada a un equipamiento y unos acabados exclusivos, disponibles también como un paquete opcional denominado GT Line. Todas las motorizaciones podrán ir asociadas a una caja de cambios manual de seis relaciones o una automática EDC con doble embrague y seis o siete marchas.

La gama Mégane sigue creciendo con los Sedán y CC, que serán presentados en 2017. 

 


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