Comparativa

DS 4 THP Sport VS. Mini Cooper S: Mini crea escuela

DS se divorcia definitivamente de Citroën y encuentra en la exclusividad y en la personalización de sus creaciones su razón de ser; un terreno unido al de las altas prestaciones donde choca de lleno contra el alter ego de BMW

Por Iván Mingo / Fotos: Christian Colmenero
DS 4 Sport VS. Mini Cooper S

DS 4 Sport VS. Mini Cooper S
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Mientras DS busca un hueco propio en el universo de los automóviles, de momento ha encontrado el espejo perfecto en el que mirarse: Mini. Los DS, independizados ya de la tiranía que suponía lucir los chevrones de Citroën sobre su capó, encuentran su razón de ser en aquéllos que buscan un coche diferente, por encima de los generalistas, con altas posibilidades de personalización, un nivel de equipamiento completo y una mecánica en la que prime la deportividad.

Compartiendo parte de su base con el Citroën C4, este DS hace importantes concesiones al diseño que afectan a la funcionalidad. Por ejemplo, su línea lateral con esas peculiares puertas traseras ‘picudas’ con los tiradores escamoteados se abren muy poco, lo que dificultan el acceso hasta la zona posterior. Pero se trata de un vehículo que nace como un ejercicio de diseño destinado a ser bello y en el que lo funcional pasa a segundo plano, para eso queda el C4.

En el Mini, el diapasón de la deportividad es el protagonista absoluto, lo que perjudica la funcionalidad sin contemplaciones; resulta un automóvil perfecto para hacer manos en un puerto de montaña pero un compañero no muy agradable si de lo que se trata es de viajar por autopista. Seco de suspensiones y con un habitáculo angosto, el único que disfrutará de los trayectos es su conductor, y siempre que tenga ‘alma de carrerista’.

 

El Mini nos ofrece opcionalmente un selector de modos de conducción –300 euros–, que nos permite elegir entre tres configuraciones –Normal, Green y Sport– aunque la verdad es que la diferencia entre ellos no se percibe con facilidad, la deportividad está siempre presente, y se nota en una suspensión a tabla que nos transmite hasta las rayas de la carretera sobre las que pisamos y en una dirección realmente eléctrica que mete el tren delantero en los virajes a la más mínima insinuación.

Una vez dentro de la curva lo sacamos a base de acelerador, gracias al control de estabilidad con efecto autoblocante que nos hace salir disparamos rectos a la más mínima insinuación, eso sí la dirección es tan nerviosa que exige constantes correcciones. Se trata de un coche extremadamente divertido y que nos traslada hasta los años en que la conducción era un ejercicio de precisión no apto para novatos, aunque ahora contamos con la incontable ayuda del control de estabilidad que sin resultar intrusivo es capaz de enmascarar nuestros ‘errorcillos’ de pilotaje.

Tanto el propulsor del Mini como el del DS son excepcionales, empujan sin descanso entre las 3.000 y las 6.000 revoluciones

En el DS 4 las cosas suceden de forma muy diferente. Es rápido –los 210 caballos están ahí– , pero entre sus prioridades está el cuidado de los ocupantes, lo que se deja notar en una suspensión mucho más ‘amable’ y que aísla perfectamente el habitáculo. Es uno de los compactos más confortables y agradables para viajar de los que han pasado por nuestras manos, y con un excelente aislamiento interior.

Sus mecánicas, lo mejor

En autopistas vence sin complicaciones al Mini, con un rodar que transmite más confianza al conductor y más confort a los acompañantes. No ocurre así en montaña, donde detectamos una dirección demasiado asistida y una suspensión blanda que no digiere con facilidad los cambios de apoyo bruscos. Tanto el propulsor del Mini como el del DS son excepcionales, empujan sin descanso entre las 3.000 y las 6.000 vueltas –algo más el DS–, justo el régimen óptimo de aprovechamiento cuando ruteamos por autopistas o por carreteras, sin tener que recurrir al cambio con frecuencia.

Precio, equipamiento y ficha técnica del DS 4 THP Sport

Precio, equipamiento y ficha técnica del Mini Cooper S


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