22
jun
2012
La crisis aún no ahoga a los equipos, pero la FIA sospecha que lo hará, por eso monta su Segunda Cruzada Antigastos

La popular 'spanish pescadilla' es un celebrado plato que los guiris que visitan la playa de La Carihuela de Torremolinos se preguntan y dicen al salir por la puerta: "alucino de couhounes con es-tos tíos, amaestran peses que se meten en sartén enrrrroscados". Los guiris, que son guiris pero no idiotas, terminan sospechando la realidad: que los cocineros hacen donuts con las pescadillas ya cadáveres, a las que hacen morder su propia cola en una suerte de circunferencia piscícola con origen Arguiñano.

Esto es justo lo que podría ocurrir en la F1 y es precisamente lo que teme el lomo de la velocidad: la cola pilla cacho, la boca trinca bocado, pero el filete de en medio, la parte carnosa, se alimenta del aire invisible y de billetes de banco incoloros, insaboros  e insípidos.

En una vuelta de tuerca (más) por abaratar los ya muy reducidos costes de las carreras, vuelve al mercado de lo noticiable la posibilidad de que veamos a un Marussia o un HRT con un chasis gastado por Alonso o Hamilton el año recién fenecido. En los equipos proveedores, a sabiendas que la formación de destino de sus ingenios desfasados no tienen su presupuesto, ni lo último de lo último, no les alcanzarán con 'sus propias armas', pero los equipos de en medio graznan y patalean porque saben que a ellos... esto si les puede ocurrir.

¿Podría un HRT -por ejemplo- con el chasis del Ferrari del año pasado y probablemente el motor-cliente italiano superar a coches que hoy están por delante? La respuesta es si, es muy probable. Las escuderías que cierran el pelotón tienen el ya conocido problema de la otra pescadilla-que-se-muerde-la-cola: no hay patrocinadores, no hay dinero, no hay coche veloz, no hay resultados, no se sale por la tele, no hay patrocinadores. Parece una canción de Jorge Drexler, capicúa, acaba justo donde empieza, pero esta previsible rutina podría variar si a cambio de un pellizquito, los equipos menos pudientes se aprovechasen del desarrollo ya obsoleto y en desuso por parte de las 'escuadras inventoras'.

En la hipotética jugada Sauber, Toro Rosso o los indios ponen el grito en el cielo al saber que la mortaca de pasta que se han gastado en desarrollar sus pepinos en una estrategia a varios años vista, puede quedar en (mucho) dinero mojado si de golpe les dan un chasis ciego de Red Bull a un equipo que se ha gastado la mitad -o menos- para estar en parrilla con un ingenio de segunda mano. La jugada es de traca porque un equipo de-los-altos saca pasta de lo que hasta ese momento no era más que chatarra inservible al tiempo que 'adquiere' un laboratorio de pruebas y un amigo-del-alma a la hora de la toma de decisiones.

Los equipos pequeños merecen que les den una oportunidad como esta y subcontraten su desarrollo a los de delante, pero los de en medio no merecen que de golpe su competencia inmediatamente inferior reciban una pértiga con la que mangarles la gorra desde arriba.

Si se quiere ahorrar en la actual Formula 1 se ha de pasar por la estandarización de piezas y elementos, y/o eliminar de un plumazo -no modular, sino eliminar- toda aquella tecnología que aporte poco beneficio neto a cambio de un perraje. La idea de poner una caja de cambios estándar fue una de las posibles primeras jugadas de este tipo, pero después podrían llegar otras como un ala trasera (o delantera) común, el Kers, la célula de supervivencia o cualquier otra cosa que porte poco o nada (bueno, las alas no aportan precisamente poco).

Con esta jugada todo será más barato, pero volvemos a encontrarnos un pez de mar que hinca sus caninos sobre su propio final: si capamos el avance y los inventos, liquidamos el desarrollo, y con ello limitamos que los equipos batallen en la guerra del ingenio en pos del Mundial de Constructores, lo que tampoco sería justo.

En la Nascar americana la tecnología más avanzada que se puede ver en pista es la procedente de los tornos de la entrada. Obsoletos motores superpotentes sobre chasis que bien podrían equipar un todoterreno, nada de sistemas de telemetría, adiós materiales compuestos robados al futuro y una aerodinámica de hace más de dos décadas prácticamente igual para todos no hacen a la competición peor… sino bastante más imprevisible que la F1. ¿Es esto aplicable a la Fórmula 1? pues como poder, si que se puede, pero la élite de la velocidad planetaria se parecería más a una copa monomarca que a lo que es: el referente universal de las prisas, la tecnología, la ingeniería y lo más plus del deporte motorizado.

El abaratamiento tendrá que llegar, pero habrá que hacer concesiones a la exclusividad, todo será técnicamente más aburrido, y algún ingeniero irá a la cola del desempleo, pero en la teoría de Jean Todt, cabeza pensante de la FIA, estamento muy conectado con el gobierno europeo, si esto no se hace de una vez por todas, los que pueden ir a la cola del paro son la mitad de los equipos, y eso es algo que nadie quiere que ocurra.

No sería de extrañar, que de manera consensuada acaben poniendo eso del "salary cap", un límite presupuestario para todos y el tope de los 100 minolles de lebros/año es el que se perfila como posible. Para Ferrari, la mitad que hoy, para 'los de atrás', más del doble de lo que gastan.

Hay una cosa buena en ello: si esta igualdad dineraria acaba imponiéndose, todo estará muuuucho más igualado y a lo mejor no vemos siete ganadores en siete carreras, sino veinte ganadores en veinte carreras. Er… hay 24 pilotos y Bernie quiere más pruebas cada año, ¿no?… er… mejor no dar (más) ideas.

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