A fondo

Probamos el Lamborghini Aventador SV: Veneno en la piel

Cuando en Sant'Agata se decidieron a trasplantar el corazón de su hypercar al Aventador, sabían bien lo que hacían. Acababan de 'envenenar' –literalmente– a su deportivo más efectivo para dotarlo de toda la rabia que un verdadero sucesor del Miura SV requería. Sí, son palabras mayores, pero sólo una marca con cien años de historia a sus espaldas podía afrontar semejante reto. Aquí tienes el resultado.
Por Jose Carlos Luque / Fotos: Pirelli
Lamborghini Aventador LP 750-4 SV

Lamborghini Aventador LP 750-4 SV
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A principios del mes pasado viajamos hasta el circuito Ricardo Tormo de Cheste, en Valencia, de la mano de Pirelli. No nos queríamos perder las Finales Mundiales de Lamborghini pero lo que no sabíamos es que allí nos esperaba este Aventador SuperVeloce dispuesto a brindarnos todo su potencial en carretera. El espectáculo que ofrecieron sobre la pista los Super Trofeo fue mayúsculo, pero como podréis imaginar no fue precisamente lo mejor de la jornada.

Nada más acceder al paddock del circuito, advertimos a nuestro protagonista. Una nube de aficionados y curiosos rodea al imponente 'morlaco' de color amarillo pero con una serie de detalles en negro que evidentemente, sólo podían ser las piezas de fibra de carbono que distinguen al SV del resto de los Aventador. Con una suspensión ligeramente más baja y con la misma puerta de apertura 'en tijera' característica en los modelos de la marca, tenemos que emplearnos a fondo. En un perfecto ejercicio de contorsionismo accedemos al interior de la 'bestia' para sorpresa y –por qué no decirlo– envidia generalizada del personal allí presente. Gajes del oficio.

Una vez en el habitáculo, llaman la atención otros detalles como el salpicadero y el aro del volante, forrados en piel vuelta, mismo material que que recubre unos asientos duros sin contemplaciones que aunque son grandes y cuentan con una estructura de carbono, resultan tan estrechos como cabría esperar de modo que te mantienen anclado en todo momento. En este ambiente llama la atención el cuadro de mandos completamente digital y con un fondo amarillo que al principio, nos invita a pensar que todo es mentira, que estamos es un videojuego. Basta con engranar la primera velocidad para darnos cuenta de que no, por suerte la experiencia es real y el V12 comienza a sugir a nuestra espalda disparando los decibelios. Aprovechamos su amplísima gama de revoluciones y la perfecta tracción que nos brinda el motor atmosférico para salir disparados, pero enseguida algo falla. El cambio ISR nos pide colaboración para engranar marchas de forma consecutiva a la velocidad que la ocasión requiere. Mensaje recibido. Accionamos el modo manual, ahuecamos el acelerador en el instante antes de accionar la leva y el funcionamiento de la transmisión mejora sobremanera, no sólo gana en rapidez, también en suavidad y así no tardamos en ir incrementando el ritmo hasta niveles sencillamente estratosféricos.

El Aventador SV está capacitado para alcanzar los 180 km/h en tercera velocidad, poca broma.

Sin tiempo para jugar más con el cambio, las primeras curvas se suceden obligándonos a emplearnos a fondo con el volante. Inicialmente, la sensación que tienes es la misma que cuando ves los encierros de San Fermín por la tele. Te quedas fijo mirando esa manada de Miuras llegando hasta la curva de Mercaderes y piensas: "por ahí no caben". Sin embargo, en el último momento los toros giran y encaran la subida a Estafeta a toda velocidad como por arte de magia. Bien, pues lo mismo sucede con el Aventador, crees que necesitarás aprovechar todo el ancho de la carretera para mantener un buen ritmo, especialmente en los tortuosos tramos de rally por los que transcurrió el grueso de nuestra prueba, pero nada más lejos de la realidad. Un auténtico arsenal técnico te asiste y gracias a la acción de los diferentes diferenciales de la tracción total, los controles electrónicos y sobre todo a una suspensión rígida sin contemplaciones y sus neumáticos Pirelli P Zero Corsa –desarrollados espefícamente para este modelo–, realizamos giros impensables en un coche de 4,78 metros de largo por 2,03 de ancho con un peso de casi 1.700 kilos.


La dirección, realmente comunicativa, también se maneja con precisión y no resulta pesada bajo ninguna circunstancia. Así las cosas, te ves enlazando curvas cerradas a gran velocidad con una facilidad similar a la de un GTI, mientras sientes lo que hay bajo la piel de este 'morlaco' pues la ausencia de numerosos materiales aislantes para reducir peso, generan que muchos de los mecanismos citados sean perfectamente audibles en el interior y todo pese a la contundencia con la que ruge el motor, especialmente por encima de las 4.400 vueltas y eso que todavía se reserva otras 4.000 que son las que te llevan directamente al delirio.

El Superveloce es 50 kilos más ligero y 50 caballos más potente que el Aventador 'normal' una diferencia que reflejan sus prestaciones pero que sobre todo, mejora notablemente las sensaciones.

A nuestro regreso, de vuelta al circuito las pulsaciones van recuperando su ritmo habitual. Ha sido un jornada intensa, maravillosa. Todovía quedan coches capaces de ponerte los pelos de punta sin recurrir a turbocompresores, propulsores eléctricos asociados y otras 'trampas' variadas de nuestra era digital. Con un bastidor rígido y aligerado al máximo y un propulsor V12 atmosférico de 6.5 litros situado en posición central, este 'Lambo' es tan extremo como el mejor hypercar del momento y encima sus cifras son igualmente impactantes. No olvidemos que acelera de 0 a 100 km/h en 2,8 segundos, que alcanza una velocidad punta de 350 km/h y lo que es más importante, que ha completado Nürburgring en sólo 6:59.73. No es casualidad, estamos ante un verdadero SuperVeloce. Es tan extremo, contundente o radical como sus antepasados y mucho mejor asistido por técnica que éstos, llevarlo al límite es una operación bastante más asumible. Claro que con sólo 600 unidades realizadas y despachadas a 444.160 euros cada una en nuestro país, esta misión que acabamos de cumplir sigue estando al alcance de muy pocos.



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