01
abr
2016
Matarlas callando
Una de las primeras cosas que aprendemos en la vida cuando venimos al mundo, es que "el que no llora no mama". Piénsalo. Ahí estás. Eres un recien nacido, pequeño, cabezón, sin pelo, y por mucho que pregonan a los cuatro vientos lo lindo que eres, la cruda realidad es que a lo que más te pareces en ese momento es a E.T. Algunos seguimos igual pese a que ya han pasado unos cuantos años, y somos "fuertecitos".

Durante una etapa de tu vida, dominas el arte de llorar a moco tendido. Te vuelves un auténtico profesional en conseguir que, por arte de magia, esa "dulce sinfonía" que sale de tus pulmones te proporcione tu menú diario. Con el paso de los años, vas depurando la técnica y sigues aplicando la frase, pero con distintos objetivos. Buscas desde que te compren unas chuches, a un juguete, quedarte más tiempo jugando en el parque, ver la tele hasta más tarde, que papi te preste el monoplaza los domingos, que tu equipo te dé preferencia... Lo típico de la adolescencia. Pero a veces se nos va de las manos.

PONGÁMONOS SERIOS.

En Fórmula 1 existe una máxima no escrita pero que todo piloto, desde el novato hasta el más veterano, conoce muy bien: "Tu compañero de equipo es el que te da de comer". Esto es algo que tanto Max Verstappen como Carlos Sainz saben muy bien, y mucho más si se tiene en cuenta que esta temporada es crucial para ambos. Con un posible ascenso a un asiento en Red Bull para el año que viene en juego, ambos tienen mucho que demostrar. Todos los pilotos quieren ganar, sobre todo a su principal rival, que no es otro que ese que dormita sentado en su monoplaza con un ojo abierto, vigilándote de reojo al otro lado del box.

UN VISTAZO A 2015.

Verstappen y Sainz debutaron en la F1 en 2015. No lo hacen en cualquier equipo ni de cualquier manera. Son pilotos titulares en Toro Rosso, un equipo en el que debes demostrar –aún más que en los demás– que no eres un cualquiera porque el objetivo es optar a una plaza en Red Bull. Vigilado de cerca por Helmut Marko, eres consciente de que no sólo tienes que hacerlo bien, tienes que ser rápido regularmente y convencer. Tu compañero es, en estas circunstancias, un caníbal que estará esperando el momento idóneo para aniquilarte y provocar que te vayas por donde has venido.

Ambos lo tuvieron claro desde el primer momento y nos dieron una temporada llena de espectáculo. Desde los primeros compases del campeonato, no hay nadie que dude de que los pilotos de Toro Rosso han venido para quedarse. Un pique por aquí, un pique por allá, algún discutible "undercut" cuando tu compañero va cuarto en Hungría, recitales de cómo tus mécanicos no deben hacer las paradas en boxes (las ruedas también las carga el diablo), algún motor fundido, problemas eléctricos, un strike a Romain Grosjean en Mónaco... Lo típico.

EN NÚMEROS

  • Puntos: Max 49 - Carlos 18
  • Poles: Max 0 - Carlos 0
  • Victorias: Max 0 - Carlos 0
  • Abandonos: Max 4 - Carlos 7
  • Carreras terminadas: Max 14 - Carlos 12 
  • Mejor posición: Max 4 - Carlos 7
  • Sesiones de clasificación: Max 9 - Carlos 10 

EN 2016

Viendo los números del apartado anterior, tanto Max como Carlos pueden estar más que satisfechos con su trabajo. Dos novatos brillantes. Quizás Sainz no ha destacado tanto como su compañero con la tabla de puntos en la mano, pero sí ha mostrado una gran calma y, lo más importante de todo, que puede plantarle cara a su vecino de box. Aquí viene el problema para Verstappen, quien parece haber heredado el "nerviosismo" de su padre. Así, al menos, lo demostró en el Gran Premio de Australia 2016.

Tu compañero de equipo es el único de toda la parrilla que compite contra ti con las mismas armas y, por ende, cualquier comparación teniéndole como referencia será odiosa y dolerá más que cualquier otra.

Nadie duda del talento de Max Verstappen a estas alturas, pero no es lo mismo creer ser más rápido que serlo. Si Verstappen realmente era mucho más rápido que Sainz, lo hubiera demostrado simplemente adelantándole en pista. Si no podía adelantar a Carlos porque el circuito tiene esa característica, tampoco hubiera podido pasar a los coches que iban por delante. No era necesario "lloriquear" por radio. ¿Debía acaso apartarse Sainz y dejarlo pasar? ¿Por qué?

Verstappen se encontró detrás de Sainz después de que este último parase antes que él en boxes. Sainz venia quejándose de problemas con las gomas delanteras y entró antes de lo programado, consensuado con el equipo. Esto enojó a Verstappen, que gozaba de una mejor posición en la pista en aquellos momentos, lo cual suele otorgar prioridad a la hora de elegir estrategia y, por tanto, casi siempre parar el primero en boxes.

A la vista de los hechos, el nervioso piloto holandés decidió entrar a boxes a continuación, pero sin que se lo pidiesen desde el muro. Los mecánicos no tenían los neumáticos preparados porque no era el momento, lo que provocó que terminara perdiendo alrededor de siete segundos.

Los equipos de F1 dedican mucho esfuerzo a planificar la estrategia más adecuada para incrementar las posibilidades de conseguir el mejor resultado posible. Esto no sirve de nada si un piloto, por puro capricho y en un ataque de celos, decide entrar por su cuenta a boxes. Esto es inexcusable, es lo que Verstappen hizo y fue la causa de que terminase por detrás de Sainz y una serie de monoplazas más lentos que formaban un trenecito.

Los mensajes de radio algo subidos de tono continuaron. Verstappen, que responsabilizó al equipo de la situación en la que se encontraba, llegó a calificar la estrategia elegida por Toro Rosso como "de chiste" cuando no le pidieron a Sainz que se dejara pasar. Al madrileño no sólo le estaba costando lo suyo adelantar a Palmer, sino que además tenía que vigilar por el retrovisor a un Verstappen pegado como una lapa a sus espaldas. El holandés siguió quejándose por radio pese a que desde el muro habían dado su bendición a que intentase adelantar a Sainz. El jovencísimo talento holandés quería que simplemente su compañero se apartase de su camino.

Mientras Max mostraba su disconformidad por radio, no guardaba la distancia con Carlos ni evitaba el aire sucio para poder cuidar mejor sus neumáticos, a la espera de mejor ocasión para demostrar que era el más rápido. Su lengua trabajaba a destajo, pero sus manos no habían dejado de hacerlo. No había dejado de acosarle convertido casi en una continuación del alerón trasero de su compañero, buscando un hueco que con la lógica en la mano era imposible de encontrar. El orgullo le dictó otro comportamiento menos lógico.

Con el beneplácito del muro intentó adelantar a Sainz, pero tocó al madrileño y trompeó. Por suerte, todo quedó en nada y Toro Rosso sumó puntos con ambos coches, pero fueron menos puntos de los que podían haber sido. La pérdida fue aún mayor en cuanto a la imagen de madurez que se le creía a Verstappen.

Toro Rosso cometió un grave error. El equipo no debió permitir que ambos pilotos decidieran la estrategia. Los pilotos, salvo excepciones, no están en la mejor posición de decidir cuándo parar sin poner en riesgo el mejor resultado posible para el equipo. Toro Rosso jamás debió autorizar esto y más teniendo en cuenta las características de este equipo, que no deja de ser una especie de "academia" donde formar pilotos con vistas a dar el salto a Red Bull y para los cuales cada punto vale su peso en oro. Desde el muro se debió poner en su sitio a ambos pilotos, eso también es parte de su formación, o al menos debería.

El tiempo lo dirá, pero Max Verstappen parece haber sido bendecido con ese "instinto asesino" tan necesario si aspiras a ser Campeón. Ese mismo instinto seguro que también lo tiene un Sainz mucho más comedido con sus palabras y prudente en sus acciones. Pero Carlos no suele ser de ésos que, como decía Enrique Jardiel Poncela, cuando no tienen nada que decir hablan a gritos.

En la Fórmula 1 has de ser un "killer" si,  y también egoísta, pero a su vez has de evitar caer en la paranoia que esta vez llevó a Verstappen tomar la decisión de entrar a boxes por su cuenta, basado en la creencia que su equipo estaba favoreciendo deliberadamente a Sainz. ¿Quizás se está fijando más de lo que debiera en el otro? En el caso del holandés, la fijación parece rayar la obsesión.

Max Verstappen empieza a parecerse a ese compañero de trabajo que, en lugar de concentrarse en su labor, lo está más en lo que hacen o dejan de hacer los demás, que siempre anda quejándose de sus colegas, tan sólo por echarlos por tierra en beneficio de sus intereses. Seguramente más de uno de nosotros hemos "disfrutado" de esa figura en alguna ocasión.

El pilotaje de Verstappen evoluciona, al igual que su personalidad. Atrás quedo ese piloto callado, tranquilo e incluso tímido que debutó en la F1 el año pasado. El aumento de confianza, gracias a su buen hacer en la pista, ha provocado que sea más sincero a la hora de hablar por radio o realizar declaraciones como en las que presume de que le "quieren todos" en clara referencia a equipos como Ferrari o Mercedes, lo cual posiblemente no deja de ser verdad, pero es aquí donde Verstappen debería ser más precavido. En Red Bull estas cosas sólo gustan a ratos. En Ferrari no gustan casi nunca, y en Mercedes.... ejem... allí ya hemos visto el ejemplo de Lewis Hamilton y Nico Rosberg.

Sainz sólo habla en la pista y ha demostrado varias veces ser un hombre de equipo, constante, frío incluso en sus momentos menos inspirados. Verstappen, sin embargo, traspasó una línea cuando sin demostrar que realmente era más rápido que su compañero de equipo en Melbourne, se dedicó a pedir órdenes de equipo en la primera carrera del año.

Mientras Sainz califica de sana su rivalidad con Verstappen y afirma no tener problemas con nadie, Verstappen respondió al ser preguntado si en un futuro obedecería si desde el muro le pidiesen dejar pasar a su compañero que "Para ser honesto, no lo sé y no me importa, normalmente debería estar muy por delante". Declaraciones como éstas pueden jugar una mala pasada si en un hipotético futuro esto se cumpliese menos de lo que espera el holandés.

Sainz es consciente, y así lo demostró con su actuación en Australia. Si quiere asegurar su futuro en la F1, sea en Toro Rosso, Red Bull o en cualquier otro equipo, la mejor manera es sumar puntos y mostrarse sólido en carrera, tal y como hizo en Melbourne, donde sin importar lo que pasaba a su alrededor mantuvo la cabeza fría y jugó en equipo. Tras un 2015 en el que la falta de fiabilidad –y quizá una pizca de conservadurismo– le hizo terminar por detrás de su compañero en el mundial de pilotos tras haberle superado 10-9 en clasificación, Carlos sabe que tiene que trabajar duro.

El "estilo" de Carlos Sainz también es diferente fuera de la pista. Impasible, no sólo no culpó a Verstappen por el toque sino que además al ser preguntado, parecía ignorar las quejas de éste por radio. Tanto es así que preguntó si el holandés se había quejado mucho, para después añadir un calculado "¡Qué se le va a hacer!".

El español no hace mucho ruido pero, como se suele decir, las mata callando y esto le convierte en un rival de enormes proporciones para Verstappen, quien quizás debería empezar a pensar si está bien asesorado.

El holandés tendrá que corregir sus errores en Australia si quiere aspirar a un puesto en Red Bull u otro equipo grande en los próximos años. A las escuderías no les gusta que ningún piloto esté por encima del equipo. El entendimiento, la armonía y la unidad dentro de estos son importantes y las personas conflictivas no gustan.

Verstappen debe aprender, si no lo ha hecho todavía, que los intereses del equipo son tan importantes o más que los suyos propios, debería encontrar la manera de mantener su carácter a raya, confiar en el equipo e incluso aprender algunas cosas de Sainz respecto a eso. El holandés lleva el mismo tiempo en Fórmula 1 que Carlos Sainz. Ambos han disputado casi el mismo número de Grandes Premios. La diferencia estriba en que mientras que para el holandés es sólo el tercer año en monoplazas, para Sainz es el séptimo. Esto último, se quiera ver o no, da cierta experiencia a la hora de trabajar en equipo.

Puede que lo sucedido en Melbourne sea fruto de la inexperiencia o la propia personalidad de Verstappen, pero lo que está claro es que la excusa de ser el novato ya no sirve, decir que "tan sólo tiene 18" es simplemente una excusa barata.

Si la actitud mostrada por Verstappen en Australia con su equipo es un pequeño ejemplo de en lo que puede llegar a convertirse, no es precisamente un punto a favor de cara a un posible fichaje. ¿Alguien imagina a Verstappen junto a Vettel en Ferrari o acompañando a Hamilton en Mercedes? Hay muchos ejemplos de deportistas que han sido endiosados prematuramente para después caer en el olvido. Desde el principio se le ha etiquetado como una futura estrella, el "nuevo Senna" para algunos. Alguien debería hacerle saber que si esto se le sube a la cabeza, toma una mala decisión respecto a su futuro o pasa por una mala racha en lo deportivo, puede pasar de futura estrella a estrellado, a pesar de su mucho talento.

Quizá lo que ocurre con Verstappen es tan sólo que está mal aconsejado por su entorno. Su insaciabilidad es un arma de doble filo y, si no es capaz de controlarse, no conseguirá beneficio alguno, sólo perjudicarse.

El talento de Verstappen es innegable, pero Sainz tampoco es precisamente manco y, si es inteligente, sabrá usar el ego del holandés como una herramienta a su favor. Sólo debe seguir como hasta ahora, haciendo su trabajo, desquiciarle y dejar que patalee.

Lo que sí es seguro es que, al igual que la pasada temporada, estos dos pilotos nos van a dar horas de diversión en la pista este año. Rivalidad que deseamos sana y que, por el bien de la Fórmula 1 y sus aficionados, sería deseable que durara muchos años.

Cuidado Max. El avaro, por ansia de su tesoro, se priva de él.

Saludos.

Javi C. y Jose L.

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