25
may
2012
La excusa de moda es "los Pirelli me vienen mal". Pues a otros les vienen bien... que aprendan de ellos

Los oropeles y los brillos, la voracidad inmobiliaria monegasca, y la familia real con domicilio fiscal en Montecarlo han ahogado la trifulca de moda: las gomas, pero tras el poco exigente asfalto urbano de la ex-cueva de piratas, el jaleo volverá.

La FIA se cargó de un plumazo los escapes soplones -el gadget definitivo de Red Bull-, ha tensado los requerimientos en lo tocante a las alas flácidas, y ha afinado cuatro detallitos más que ha parado los pies a los cazabombarderos de 2011 para dejarles en avionetas de reparto de correo en Alaska. Los otrora todopoderosos Blues Brothers sufren de cojitranquerismo, Schumacher va a llorarles a casa a los proveedores de gomas, y todos echan mano de todo truco-manejo-estrategia que les aporte una longevidad extra en sus redondos zapatos; unos con más suerte que otros, claro. (Ver capítulo "Maldo se puso las botas en Montmeló")

Los PZero de diversas durezas parece haberlas hecho el que hizo los Replicantes de Blade Runner. "Las gomas que brillan con más intensidad, duran la mitad", debió decir el ingeniero humano Eldon Tyrrell al malo malísimo Roy Batty en una adaptación pireliana del clásico dirigido por Ridley Scott. Si cuando Bridgestone era el proveedor único de gomas para toda la parrilla las arruedas parecían estar hechas de granito, son ahora de mantequilla por petición expresa de todos -FIA y equipos-, pero a algunos se les están atragantando.


El Gran Premio de Canadá de 2010 enseñó una lección fundamental a los gestores de la F1 actual: poner trabas artificiales a los carreristas aportaba emoción. La carrera fue divertida como pocas cuando la mezcla de neumáticos extremos aportaron un elemento que hasta entonces no era tan importante, pero que en esta prueba fue fundamental y que consistía no tanto en la dureza de los compuestos sino en su gestión durante una prueba, su administración por parte de cada piloto y su buen trato para permanecer en pista con capacidad de tracción y agarre mecánico.

Entre las mentes pensantes se encendió la bombilla y decidieron en consecuencia. "¡Ya está!, ponemos gomas que duren poco y cada piloto que se busque la vida", debió decir alguno de los que deciden.

El primer Encuentro en la Tercera Fase con las gomas italianas fue en Abu Dhabi; aquel octubre de 2010, pero el resultado no mostró una foto del todo enfocada. Esto si que ocurrió en las siguientes pruebas en Cheste, Valencia, y la frase más escuchada fue "los blandos sólo duran una vuelta buena". Pero nadie supo decir qué ocurriría el resto de los giros que habrían de dar unos y otros con unos neumáticos en progresiva desintegración. El ritmo decaería, las posibilidades de adelantar irían a peor, las posibilidad de defenderse de ataques sería una verdadera prueba de fe más que de pilotaje, y el que saliese desde parrilla con el coche cargado hasta las manillas de combustible estaría condenado a parar poco más allá de las ocho o diez giros más tarde condicionando la estrategia de manera dramática. Demasiados cambios en una filosofía bien conocida y desarrollada... pero a la que habrá que acostumbrarse de manera ineludible.

La Fórmula 1 es una especialidad deportiva en la que los cambios son constantes y contínuos, y los que quieran ser los mejores no les queda otra que adaptarse, aprender y crecer en todas las asignaturas; esto está en el ADN del deporte y así ha sido siempre.

Las lastimeras quejas de Schumacher, el poco brillante desempeño de su compadre Felipe Massa o la mala cara con que miran a las gomas italianas muchos estrategas se curan fichando a tipos como Hirode Hamashima, como han hecho en Maranello. Si tienen que sacar tajada de las gomas y no hundirse junto a ellas, necesitan a alguien que las entienda, y pocos como el Paul Hembery de Bridgestone cuando los japoneses calzaba a la F1.

La frase me la dijo mi hermano Rubén cuando le expliqué esto: "es que 'por ahí' el que más sabe de las cosas siempre es el jefe, no es como aquí, que el que manda con frecuencia no tiene ni idea, pero alguien le ha dado el puesto". (Lección de gestión empresarial en Re Menor)

No es gracias a Hamashima el mal color de cara que tiene Massa últimamente, pero muy posiblemente a él, le deban en Maranello el buen ritmo que está adquiriendo Alonso con un coche que nació de la peor manera posible. Corre… ehem… corría menos, es más raro que un perro verde, pero ahí tienes al de Oviedo liderando la tabla cuando a principios de temporada palmaba más de un segundo contra los coches que llevaban la delantera.

Muchos graznan contra las gomas italianas pero son precisamente las que nos han traído -junto con la eliminación de los escapes soplones- el Mundial más abierto de las dos últimas décadas, el menos previsible y por todo ello el que está volviendo locos a los mendas de las casas de apuestas. A cambio el aficionado medio mira las carreras y nunca ha adquirido más valor un martes cualquiera la pregunta: "¿tío, quien va a ganar el domingo?". Si la respuesta hasta ahora era "y yo que se", ahora es "y yo que ©0#0 se", en un intento inútil de demostrar que es imposible hacer una adivinación al estilo de Anthony Blake, que tienen truco. Ya no hay truco.

Cada año los que palman buscan una excusa, un presunto culpable sobre el que descargar lo chungo de no ir ganando, y este año los que no dan con la tecla, apuntado con su índice acusador a las gomas, pero ninguno de ellos dice que son las mismas para todos.

Cuando la dualidad Michelin-Bridgestone había a donde agarrarse con aquel "ej que en ejta pijta laj gomaj que vemoj traío noj van malamente, y aquelloj tienen ventaja". Esta excusa ya no vale. "Te las tienes que apañar, chavalote, que pa eso te pagamos", resuena por los cascos de todos los equipos (a la vez).


@VirutasF1

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