El nombre que evoca. Recuerdos, espectáculo, actuación, leyenda, dramas. La lista de adjetivos que podrían acompañar a este lugar es interminable. El circuito de Nürburgring se distingue claramente como el más salvaje de todos. Sin duda, ha competido en historia con numerosos trazados carreteros, pero ¿cuál de ellos ha logrado mantenerse vigente a través del tiempo?
Sí, hablamos del Nürburgring. Este coloso, que fue trazado en las montañas de la región de la Eifel, se encuentra en medio de un bosque. Esta ubicación le confiere un carácter bucólico, muy cercano a la naturaleza, pero también innegablemente peligroso. Antes de la era moderna, salir de pista en este circuito implicaba un riesgo extremo, e incluso podía costar la vida. ¿Curioso, verdad?
Un circuito excepcionalmente singular
¿Solo 5,1 kilómetros? En absoluto… En sus inicios, el Nürburgring era mucho más extenso. Tampoco se trataba únicamente de los 20,8 kilómetros de la conocida Nordschleife que hoy recordamos. En realidad, en sus primeros días, el trazado podía alcanzar los 28,265 kilómetros, combinando ambas secciones del circuito: la norte y la sur.
Sin embargo, la mayoría de las carreras se realizaban únicamente en la sección norte. Los pilotos de Grandes Premios solían utilizar esa parte, que se conectaba parcialmente con la sur. La recta de boxes y ciertos trozos de la pista cruzaban ambas rutas y se compartían entre ellas.
Se trataba de un reto de 22,810 kilómetros, una distancia enorme. Aunque no era el circuito más largo en el calendario de la Fórmula 1, sí era sin duda uno de los más exigentes. La pista estaba rodeada de árboles, con curvas rápidas y especializadas, tramos sinuosos, virajes ciegos, cambios de altitud significativos y, en ocasiones, saltos en el terreno. Es imposible no recordar esas imágenes donde las monoplazas de los años 60 parecían desafiar la gravedad, levantando las cuatro ruedas del suelo más de una vez. Incluso en un vídeo ya clásico, Jackie Stewart, en un auto de calle, explicaba con detalle la complejidad de ese trazado a un periodista.
Por ello, desde que el escocés de tres campeonatos del mundo lo bautizó como «El infierno verde», el circuito adquirió esa leyenda. La frase famosa de Stewart reza: «Si un piloto dice que no tiene miedo en el Ring, puede que mienta, o quizás no comprende lo que es recorrer esa pista». La leyenda del propio Stewart también tiene mucho que ver en esa mitificación.
El logro de construir ese monstruo en Alemania fue obra de un esfuerzo titánico. A principios de los años 1920, los países vecinos como Francia, Italia y el Reino Unido ya contaban con sus propios circuitos. Para construirlo, se emplearon numerosos desempleados, y el trazado fue levantado cerca de las canteras de la región de la Eifel. Esa zona era muy pobre en aquél entonces, y el proyecto sustentó un cierto desarrollo turístico. Se vertieron miles de metros cúbicos de concreto, se desplazaron millones de camiones de tierra… Un trabajo verdaderamente fuera de lo común.
Una reina en la Nordschleife
Este circuito, lleno de historia y personajes memorables. A lo largo de sus casi 100 años – desde que empezó a construirse en 1925, aunque fue inaugurado en 1927 – muchas figuras se han relacionado con su leyenda. La más famosa, sin duda, es Sabine Schmitz. Con más de 22,000 vueltas en su trayectoria, tristemente truncada por un cáncer, su historia quedó marcada por la relación especial que tuvo con Nürburgring. Nadie más ha logrado esa însólita cifra. La alemana se convirtió en doble ganadora en las 24 Horas del Nürburgring, en los años 1996 y 1997, y ostenta el título de la mujer que más veces conquistó esa carrera. Desde mediados de 2021, el primer viraje de la Nordschleife lleva su nombre en su honor.
¿Cómo dejar de mencionar a Niki Lauda? El único hombre que logró completar una vuelta en menos de siete minutos en los años en que la Nordschleife aún tenía unos 22 kilómetros de longitud. Otro destacado en la historia del circuito es Kévin Estre, que se convirtió en un auténtico especialista local. En 2021, ganó las 24 Horas al volante de un Porsche, y en 2025, estuvo cerca de repetir el triunfo, pero una penalización importante lo relegó a la segunda posición.
¿Pero quién puede considerarse la primera leyenda del circuito? Rudolf Caracciola. Este piloto alemán de raíces italianas nació en 1901 y obtuvo su licencia a los 15 años. Antes de su consagración, hizo trabajos temporales en diferentes sitios, hasta que ingresó a un concesionario de Mercedes en Dresde, donde empezó a vender autos. Gracias a su talento y destreza en las carreras, contribuyó a potenciar las ventas de automóviles con la estrella en el capó. Además, su talento natural para la velocidad le llevó a ganar el Gran Premio de Alemania de 1926 en la pista de Avus, en condiciones de lluvia. Esa hazaña le hizo ganar el apodo de «Regenmeister» — el rey de la lluvia.
Se convirtió en un referente gracias a su récord de velocidad alcanzado en 1938, con 432,7 km/h en la autopista. También acumuló siete victorias en el Gran Premio de Alemania, cinco de ellas en Nürburgring (1926, 1928, 1931, 1932, 1937 y 1939). Sin duda, uno de los pilotos más destacados de la historia del automovilismo en esa pista. Figuras como Bernd Rosemeyer, Hans Stuck y Jackie Stewart también están profundamente vinculadas a esta grandiosa obra de ingeniería y pasión.
Un clima impredecible y peligroso
La geografía de la zona favorece condiciones meteorológicas cambiantes. Es común que en otros circuitos de Fórmula 1 la lluvia sea solo en una parte del trazado, pero en Nürburgring, con sus más de 20 kilómetros, el riesgo de presencia de agua, niebla o nieve aumenta considerablemente.
Las 24 Horas del Nürburgring, en particular, suelen verse afectadas por lluvias torrenciales, niebla densa e incluso granizo. Es frecuente que el curso quede cubierto por una capa espesa de niebla, haciendo que la bandera roja permanezca por horas, y en ocasiones, la tormenta de granizo complique aún más la carrera. En invierno, la nieve que recubre esas montañas de la Eifel la convierte en un escenario para deportes invernales como el esquí de fondo y las carreras de perros de trineo.
El cierre en 1976 y los cambios posteriores
Había rumores de cierre desde hacía años. Desde 1970, pilotos como Jochen Rindt — líder de esa lucha— ya clamaban por su cierre. Aunque Rindt disfrutaba de conducir allí y desafiar sus 170 virajes, la ausencia de barreras de seguridad adecuadas ponía en riesgo la vida de todos, ya que en un accidente, el piloto podía terminar entre árboles o en la vegetación sin protección alguna.
Debido a estas presiones, la carrera de Gran Premio de Alemania fue trasladada a Hockenheim, donde Rindt obtuvo la victoria. Posteriormente, los propietarios del Nürburgring hicieron inversiones significativas en seguridad y modernización, logrando que la Fórmula 1 regresara a sus trazados.
A finales de los años 70, en 1976, nuevos reclamos surgieron, esta vez liderados por Niki Lauda. Los críticos lo calificaron de “miedoso” por sus demandas. Pero la verdad es diferente: Lauda fue la primera persona en bajar de los siete minutos en la Nordschleife, en 1975, un récord que confirmó su talento y coraje.
A pesar de su postura, sus reclamos no lograron detener las carreras en Nürburgring, ya que las mejoras en seguridad realizadas anteriormente permitieron mantener el circuito en uso para eventos importantes. Sin embargo, ese año fue especialmente trágico. El clima cambió rápidamente en la carrera del GP de Alemania, y las condiciones fueron peligrosas: la pista, inicialmente seca, se empapó con la lluvia, poniendo en riesgo a pilotos y vehículos.
Niki Lauda, en plena lucha por el campeonato, decidió seguir en carrera luego de un cambio de neumáticos. En una de las primeras curvas, su Ferrari sufrió una avería en la suspensión y volcó, envuelto en llamas y con el tanque perforado. La explosión fue brutal y, aunque otros pilotos le ayudaron, estuvo a punto de morir. Lauda pasó varias semanas en el hospital, luchando contra quemaduras graves, pero su espíritu guerrero le permitió regresar a las pistas en solo unas semanas, con una valentía legendaria que fue símbolo de su carácter.
Muchos dijeron que ese accidente marcó un capítulo final para la Nordschleife, pero en realidad, lo que ocurrió fue que el contrato con la Fórmula 1 finalizó, debido a los peligros evidentes. La falta de tiempo para responder en caso de emergencias y la enormidad del circuito hicieron que, desde entonces, se limitara su uso para actividades menores y pruebas, relegando las carreras de alta categoría a otros trazados más seguros.
Se llevaron a cabo obras para modernizar y reconfigurar la pista. El trazado principal, la ahora llamada pista de Gran Premio y que reemplazó a la vieja Nordschleife en esa función, fue desarrollado en su parte sur, con modificaciones menores a lo largo del tiempo, sobre todo en el primer sector.
Una historia de tragedias recurrentes
A pesar de los esfuerzos continuos por mejorar la seguridad, la Nordschleife sigue siendo uno de los circuitos más peligrosos del mundo. Cada viraje tiene el potencial de derivar en accidentes fatales. La peligrosidad ha sido tal que, actualmente, las motos ya no pueden circular en las sesiones públicas. En 2025, los responsables del circuito justificaron esta decisión diciendo: «Debido a las diferencias en dinámica de conducción entre coches y motos, que generan riesgos de confusión, en adelante ambas categorías estarán estrictamente separadas para garantizar mayor seguridad».
Ese mismo año, la historia volvió a teñirse de tragedia. La sección rápida antes del Flugplatz fue escenario de un choque terrible: una Porsche y una BMW sufrieron un encontronazo que tuvo consecuencias fatales. La Porsche quedó destrozada y se incendió de inmediato tras el impacto, dejando un escenario de destrucción y horror en plena carrera.
En esas mismas 24 Horas, una Aston Martin sufrió un vuelco tras apenas un contacto leve con la Porsche de Kévin Estre. La fuerza del impacto contra las barreras laterales generó que la GT4 se quedara atrapada y se incendiara, una vez más poniendo de manifiesto la peligrosidad inherente a la vieja joya de Nürburgring, que sigue siendo un símbolo de gloria y riesgo en el mundo del automovilismo.