La victoria de George Russell en el Gran Premio de Canadá ocasionó un revuelo importante, sobre todo debido a una protesta presentada por Red Bull que llamó mucho la atención. A tan solo dos horas después de que finalizara la carrera y se desplegara la bandera a cuadros, la escudería austríaca presentó oficialmente una reclamación contra la actuación del piloto de Mercedes. En su denuncia, Red Bull acusaba a Russell de haber llevado a cabo una conducción errática tras la aparición del coche de seguridad y de comportarse de manera antideportiva durante ese período. Pese a la seriedad de estas acusaciones, los comisarios deportivos revisaron minuciosamente el caso durante varias horas, hasta aproximadamente cinco horas después de la carrera, y finalmente desestimaron la reclamación, encontrando que las alegaciones carecían de fundamento y no constituían una infracción válida. Sin embargo, esta iniciativa de Red Bull generó una gran confusión y desconcierto, especialmente entre los responsables del equipo Mercedes, encabezados por Toto Wolff, quien expresó públicamente su rechazo y sorpresa ante lo ocurrido.
Toto Wolff critica duramente a Red Bull: «Vergonzoso y ridículo»
El director del equipo Mercedes, Toto Wolff, se encontraba en Nueva York en el momento, participando en la premier mundial de la película sobre la Fórmula 1 protagonizada por Brad Pitt. En una entrevista concedida a Sky Sports, Wolff no se mordió la lengua a la hora de expresar su opinión respecto a la maniobra de Red Bull, calificándola de “vergonzosa” y “ridícula” en todos los aspectos. Según sus palabras, la conducta de la escudería austriaca resultaba tanto en su contenido como en su forma, una acción que consideró completamente malintencionada y mal inspirada. “Es tan mezquino y tan insignificante. Lo hicieron en Miami y ahora vuelven a presentar dos protestas, una de las cuales retiraron porque era ridícula”, afirmó Wolff, haciendo referencia a una reclamación similar que Red Bull presentó anteriormente en el Gran Premio de Miami y que fue descartada.
El jefe del equipo Mercedes no dudó en señalar que esta serie de reclamaciones tardías revela un carácter dudoso por parte de Red Bull: “Primero, tardaron dos horas en presentar su reclamación en Montreal, por lo que claramente fue idea suya. Sacaron una cláusula extraña del reglamento deportivo que, en su opinión, les otorgaba el derecho a denunciar. Pero la FIA debería revisar esto, porque la reclamación fue tan absurda que fue inmediatamente rechazada”, explicó Wolff, insinuando que si realmente el piloto hubiere cometido una infracción, la respuesta de los oficiales deportivos habría sido inmediata y no algo que se dilató por horas.
Asimismo, el directivo de Mercedes criticó el espíritu mismo de la reclamación, considerándola como una patente de la pérdida de valores fundamentales del deporte automovilístico. “En carrera, ganas o pierdes en la pista. La victoria en Canadá fue merecida para nosotros, y lo mismo ocurre con el equipo rival en otras ocasiones”, subrayó Wolff. Para él, esta situación resulta solamente en una muestra de actitud poco deportiva y de falta de respeto al esfuerzo de los pilotos y equipos que participan con integridad en la competición.
Con un tono más reflexivo, Wolff también se lamentó del proceso absurdo y la controversia generada. Recordó que una de las reclamaciones fue retirada antes de su conclusión final, por falta de sustancia, y que otra más demoró cinco horas en resolverse, en medio de acusaciones poco claras acerca de supuestas conductas antisportivas. “Ni siquiera sé a qué se refiere exactamente esa acusación, ¿sobre qué comportamientos específicos? ¿Cómo lo saben? ¿Quién decide eso?”, se cuestionó Wolff, mostrando su escepticismo ante la razonabilidad de la estrategia de redacción y presentación de las protestas por parte de Red Bull.
Por otro lado, el dirigente de Mercedes quiso dejar claro que no considera que Max Verstappen esté vinculado a estas maniobras: “Estoy absolutamente convencido de que Max no tiene nada que ver. Es un piloto genuino, de los que compiten limpio y nunca recurrirían a una reclamación por algo tan trivial”, afirmó Wolff, haciendo una distinción clara entre el piloto y la inquietud estratégica de la escudería propiedad de dietrich Mateschitz.
Horner se mantiene firme en su postura
Por su parte, Christian Horner, director del equipo Red Bull, también estuvo presente en la premiere de Nueva York y, lejos de mostrar arrepentimiento, defendió con firmeza su decisión de presentar la reclamación. En una declaración clara y sin atenuantes, Horner justificó la protesta en el ejercicio legítimo de los derechos de su equipo en función de las normas.
Cuando se le preguntó si sentía que había cometido un error, Horner respondió categóricamente: “No, en absoluto. Es nuestro derecho, y vimos algo en la carrera que parecía incorrecto. Tenemos la obligación de acudir ante los comisarios para presentar nuestras inquietudes, y eso hicimos. No nos arrepentimos de nada”, afirmó. La motivación principal de su acción, agregó, fue la conducta de Russell tras la aparición del coche de seguridad en Canadá, que su equipo consideraba problemática y merecedora de una revisión por parte del tribunal deportivo.
El excampeón del mundo Nico Rosberg, comentarista para Sky Sports aquel fin de semana, opinó que la reclamación de Red Bull fue “completamente inútil”. Según su análisis, los comisarios deportivos no suelen adoptar decisiones inmediatas en la mayoría de los casos, sino que consideran el panorama completo del deporte y sus implicaciones. Para Rosberg, la idea de modificar el resultado de una carrera días o meses después, en su caso, sería una acción “tan estúpida como innecesaria”, que además generaría indignación entre los aficionados en todo el mundo. Para él, toda esta controversia carecía de sentido y Red Bull actuó de manera inapropiada al presentar su reclamación, que no aportaba nada positivo a la competición ni a la integridad del deporte.
Finalmente, el episodio tuvo un coste tangible para Red Bull: la escudería tuvo que pagar una multa de 4000 euros —2000 euros por cada reclamación rechazada— y soportó una espera de cinco horas para conocer la resolución definitiva. Una inversión que, en términos materiales y emocionales, resultó elevada para una acción que, en última instancia, solo sirvió para intensificar las tensiones entre los equipos rivales y aumentar la tensión en el campeonato.