Curioso ¿experimento? llevado a cabo por un individuo que ha utilizado a su perrete para comprobar los efectos de la velocidad en su cara. El pobre animal no sabía a lo que se enfrentaba. En los primeros 10 y 20 kilómetros/hora, la brisilla rodeaba su cara.

A los 50 y 60 kilómetros/hora, la cosa cambia.

A 80 y 90 kilómetros/hora, el can tenía ya una cara de ¿sorpresa? Su pequeña lengua se medio asomaba.

Por encima de los 100 a la hora, la cara de susto aparecía.

Y a máximas de 120... bueno, sin comentarios.

Por favor, no lo hagan en sus casas. César Millán se lo agradecerá aunque más sus animales.










1 comentarios Iniciar sesión para comentar o votar
jajjaja
que bueno, me parto con los perros que tienen la costumbre de sacar la cabeza, y parece que disfrutan!!!