Comparativa

BMW M5 – Mercedes E 63 AMG – Porsche Panamera Turbo S: Batalla de colosos

Mercedes mantenían su desafío personal a ver quien hacía la berlina con potencia más descomunal. Al saltar Porsche al segmento superior con el Panamera, entró a ser el tercer alemán en discordia, con la increíble barrera de los 500 caballos ampliamente superada.
Por Juan Luis Soto / Fotos: Christian Colmenero
BMW M5 - Mercedes E 63 AMG - Porsche Panamera Turbo S

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Las sucesivas generaciones de berlinas grandes ‘trabajadas’ como si de automóviles de competición se tratase –hay que citar al Audi RS6 a punto de renovarse– abrirán un mercado en el que incluso han entrado fabricantes que se habían centrado en cupés y GT, como Maserati o Porsche. Con la aparición de ésta la cuarta generación del M5, sin duda el boss de este peculiar club de caballeros culturistas, el grupo queda renovado, ya que el pasado año llegó el nuevo Mercedes E 63 AMG y el Porsche Panamera lanzó su versión Turbo S. La caja de los truenos En la penumbra del garaje, solamente la tensa silueta del Porsche deja adivinar que no es una prueba convencional. Tanto el  BMW como el Mercedes guardan una estética relativamente discreta en función de su inmenso potencial.

Deberemos dejarnos en algún pequeño anagrama, las tomas de refrigeración, las llantas especiales sobredimensionadas o las salidas de escape para descubrir su verdadera identidad. En el interior ocurre otro tanto: el Panamera nos desconcierta al principio por lo prolijo de sus mandos y equipamiento, con un puesto de conducción que parece más el de un avión, pero en las otras dos berlinas no encontramos grandes diferencias con las convencionales, tan sólo un maquillaje especial para la ocasión y unos asientos más adecuados a la conducción deportiva. En los tres, la comodidad es excelente, con una postura al volante más convencional en el BMW y el Mercedes, y acentuadamente más deportiva en el Porsche, de chasis más bajo. Detrás, es el Mercedes el que ofrece unas cotas un poco más generosas, tanto a lo ancho como a lo alto, siendo el Porsche el que ofrece un espacio utilizable más reducido, consecuencia de su peculiar carrocería cupé de cuatro puertas.

Pero todo esto nos parecen convencionalidades cuando arrancamos. El acelerón de la primera inyección de combustible retumba como los tambores de guerra, cada uno con un timbre diferente, pero fascinantes los tres. Con el cambio del V10 del M5 por el motor V8, desarrollado ex-profeso a partir del bloque que equipa el X5 M, este modelo alcanza el máximo de potencia de toda su historia, quedando en posición dominante respecto a sus rivales.

El motor del Mercedes E 63 AMG es también nuevo, estrenado en el CLS 63 AMG, y sigue el mismo esquema de V8 biturbo que el de BMW.

Su potencia puede aumentarse de 525 caballos hasta los 557, gracias al paquete opcional AMG Performance –10.250 euros– igualándose a la par con las de sus rivales. En el Panamera Turbo S, la última letra de su nombre nos indica que se han añadido 50. En Mercedes mantenían su desafío personal a ver quien hacía la berlina con potencia más descomunal. Al saltar Porsche al segmento superior con el Panamera, entró a ser el tercer alemán en discordia, con la increíble barrera de los 500 caballos ampliamente superada. 500 caballos a la versión Turbo estándar teniendo, al igual que sus rivales, un turbocompresor por cada bancada de cilindros. Ya hemos destapado la caja de los truenos y conjurado a los demonios que estos deportivos tan especiales llevan dentro. Ahora es cuando se desata la tormenta.

OTRAS SENSACIONES

Acelerando a tope con el M5, cosa que prácticamente sólo se puede hacer en un circuito o en una autobahn alemana, la sensación de empuje es brutal, perseguidos por un sonido de mil demonios. Esta furia desatada es comparable a la del Porsche, que consigue superar en aceleraciones al BMW, a pesar de su peso superior. Lo logra gracias a su gigantesco par motor, siempre disponible y a un motor que sube de vueltas aún más rápido que el de Múnich. El Mercedes, en su versión de 525 caballos, parte con cierta desventaja de potencia, pero también tiene una respuesta menos explosiva, más progresiva.

Cuando probamos el Clase C 63 AMG nos pareció un coche aún más radical y temperamental que su hermano mayor. Pero para eso está la opción AMG Performance, que le suministran 32 caballos extra y unos reglajes aún más estrictos. La ventaja que consigue el Turbo S en la recta, se iguala en la primera curva que afrontamos. El M5 le sorprende con una frenada excepcional de sus discos metálicos compuestos, mientras que el Porsche acusa un peso superior, aunque puede recurrir a los frenos cerámicos PCCB para mejorar su entrada en curva, una opción de 9.700 euros.

Por detrás, el Mercedes no se ha rezagado, ya que sus frenos especiales AMG le permiten apurar casi tanto como sus rivales. Ya en la curva, el BMW nos vuelve a sorprender con la dirección más precisa y controlable de los tres, que permite corregir al milímetro las derivas del impulsivo tren trasero.

El Porsche presenta un tacto más dubitativo, sobre todo, a la entrada del ángulo y la dirección del Mercedes no es tan directa como la M Servotronic de BMW.

SIETE MARCHAS

En cuanto a los cambios, M-DCT en el BMW, AMG Speedshift MCT en el Mercedes y PDK en el Porsche, alivian gran parte del trabajo al conductor que, con una simple pulsación de las levas consigue la relación deseada de forma instantánea sin posibilidad de error. Siendo la PDK algo brusca en su actuación en uso normal y la Speedshift MCT un poco más lenta que las otras sobre todo en las reducciones, es la M-DCT la que consigue el mejor equilibrio general de comodidad y rapidez. Hay dos formas de conducir estos tres coches, la normal con sus controles electrónicos conectados, que aportan una seguridad increíble y los hacen tan dóciles como cualquier otra berlina.Y otra liberándolos del todo y con sus programas deportivos activados, situación en la cual requieren una conducción muy experta.

Las pérdidas de adherencia del tren trasero puede ser entonces espectacular a la salida de los virajes y el propio tamaño y peso del coche impondrá un límite en el que ya será imposible retomar la trayectoria. Las sensaciones de manejar estas grandes berlinas con la violencia de una conducción de carreras es muy diferente a la de hacerlo con ligeros deportivos con un reparto de masas mucho menos crítico.

AGASAJADOS

En este terreno, los tres coches se adaptan a cualquier uso gracias a unas suspensiones de control dinámico automático, que modifica el tarado de los amortiguadores y estabiliza el chasis en las curvas. Aquí es el Mercedes es el que mejor lo hace, ofreciendo una comodidad de marcha superior que el BMW, bastante más seco de suspensiones, y que el Porsche, que no filtra tan bien las irregularidades del asfalto. El equipo requiere en los tres casos una buena tarde repasando el manual, sobre todo en el Porsche, de dotación apabullante.


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