Competición

Nos subimos al Mercedes DTM de Bernd Mäylander

Ha sido la experiencia Car and Driver del año y, aunque encajados en el habitáculo del Mercedes Clase C del DTM no hay lugar para grabaciones, sí podemos ofreceros unas cuantas imágenes que dejan entrever la intensidad del momento.

Por Jose Carlos Luque
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Stihl es uno de los principales patrocinadores del equipo Mercedes AMG del Deutsche Tourenwagen Meisterschaft o DTM, si lo prefieren. Esta competición reúne a los turismos de carreras más rápidos de Europa. La cita, del 21 al 23 de mayo en el circuito de Cheste (Valencia) y entre las tareas programadas por el patrocinador una prueba del mencionado bólido de carreras. ¿Alguien da un paso al frente?

Invitaciones de este tipo son imposibles de rechazar. Los coches del DTM son objeto de admiración en todo el continente y aunque en España no tienen todavía el mismo tirón que en otros países, la llegada de Miguel Molina (Audi Sport Rookie Team Abt) ha venido a despertar el interés de quienes nos consideramos “locos de las carreras”. Sin embargo, he de reconocer que no tenía demasiadas expectativas antes de ir a Valencia y que incluso me interesaba más seguir la F3 Euroseries, cuna de grandes pilotos, que el DTM, tradicionalmente considerado como un refugio para las viejas glorias.

En cualquier caso, tardé muy poco en cambiar de opinión. Indudablemente, las viejas glorias siguen compitiendo: Ralf Schumacher, David Couldthard... pero los coches me sorprendieron muy positivamente. El tiempo que marcaban en Cheste era realmente parejo al de los monoplazas de F3 y en el paso por la recta principal ofrecían un espectáculo mucho mayor, tanto por el sonido que emitían (muy similar a los Fórmula 1), como por la velocidad que alcanzaban a final de recta. No en vano, se trata de coches con chasis tubular y carrocería de fibra de carbono, aligerados al máximo -1.050 kilos- y animados por un motor V8 de aluminio que desarrolla 476 caballos a 7.500 revoluciones por minuto, gracias a que su sistema de admisión está limitado. De lo contrario, superarían los 700 cv. Además, el motor ofrece una curva de par muy lineal con un pico por encima de los 500 Nm. El cambio secuencial de seis velocidades es ultrarrápido y todo esto unido a los neumáticos slicks y a los frenos hidráulicos de doble circuito con discos de carbono autoventilados, daban como resultado una máquina súper eficaz en la pista. Y pretenden que probemos este coche aquí, ¡están locos!

La hora de la verdad

A la mañana siguiente, comprendimos a qué se referían con la ‘prueba’ del coche. Los ingenieros del AMG Mercedes Team prefirieron dejarlo todo en las manos de Bernd Mäylander, ex piloto del DTM y piloto oficial de Safety Car de la Fórmula 1 (ver más).

Mientras le espero en el box, la gente del equipo se afana en prepararlo todo. Me coloco el mono, las botas y el casco, todo ello después de firmar el típico documento en el que declaro que no tengo ningún problema cardiaco ni alergia que me impida subirme al coche. En caso contrario, será responsabilidad mía. Bueno, estas son los típicos trámites para darle mayor dimensión al asunto. ¡qué equivocado estaba!

Mäylander llega puntual a la cita y ambos nos encajamos en el cockpit para salir a pista. Cuando digo que nos encajamos me refiero a que no podíamos movernos lo más mínimo. Los mecánicos nos colocaban los arneses y nos revisaban el casco. La situación era tan compleja que sólo pude bromearle: “En el safety car se va más cómodo, ¿eh?”, a lo que no tardó en contestar: “es cuestión de acostumbrase, aquí también se iría cómodo sino fuera por el calor, luego me cuentas...”. De pronto, el V8 se despierta y el sonido lo cubre todo, salimos a pista.

Atronador

Los Fórmula 3 han dejado la pista algo sucia, pero a Bernd parece no importarle demasiado. Mientras los operarios se esmeran en dejarla perfecta de nuevo, nuestro piloto se luce en la curva 2: primera cruzada. Vamos despacio pero el empuje del motor no perdona, incluso cuando va bajo de vueltas.“Tenemos los neumáticos muy fríos” , sonríe de nuestro protagonista. Y entonces comienza el zig-zagueo. Sí, esa típica imagen que vemos en televisión sin ningún interés, pero que dentro se convierte en la primera prueba de supervivencia. El coche apoya con firmeza a unos 80 km/h cambiando bruscamente de dirección de un lado al otro y nuestro cuello recibe el primer aviso. Así giramos durante unos minutos luchando para no marearnos cuando, de pronto, recibimos el OK de la dirección salimos a por la primera vuelta lanzada.

La aceleración nos empotra en el asiento y llegamos a final de recta a una velocidad endiablada, unos260 km/h, frenando tardísimo y tirándonos a vértice de la curva a gran velocidad. El coche ni siquiera se tambalea, se pega como una lapa al asfalto de Cheste. En la segunda curva -mucho más exigente- las cosas cambian y el tren trasero se insinúa en la salida, algo con lo que ya contaba nuestro piloto, con el volante ya colocado antes de que las ruedas traseras comenzaran a derrapara. Después, una curva más rápida a derechas con dos vértices por la que pasamos a un ritmo demencial. Desde luego, se nota y mucho el trabajo de aerodinámica que se ha llevado a cabo en estos coches. ¡Parece que tuviera imán!Pero si en la primera mitad del circuito alucinamos con el Mercedes, en la segunda es Mäylander quien se luce. Pasamos por la recta de atrás en un suspiro y afrontamos dos curvas enlazadas, una primera suave a izquierdas en bajada -que se hace ¡a fondo!- y una segunda larga, más lenta y de derechas, que pone a prueba los frenos. En este punto la sensación de vértigo es máxima porque la primera curva es ciega -al menos a esta velocidad- y nuestro apreciado piloto la hacía de memoria. Así, sin inmutarse afrontaba la 'chicanne' previa a la última curva, una parabólica a izquierdas en la que había que luchar con la cabeza para que no se desplazase hacia la derecha, debido a las fuerzas G. Y así durante tres vueltas, repitiendo los mismos movimientos, frenando en los mismos puntos, calcando como un robot todas sus genialidades una tras otra.

Desde luego, nunca había dado tres vueltas al circuito de Cheste tan rápido y nunca me había parecido tan largo. Y es que eso es vivir un momento intenso de los que te atrapan hasta agotarte, como se puede apreciar en algunas fotos. Desde entonces, le tengo más respeto a "estos veteranos del DTM" y a todos los pilotos en general. "Gracias, muchas gracias", era lo único que acertaba a decirle a Mäylander después de la brutal descarga de adrenalina.


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